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Soldados muriendo por nuestra libertad
Mi ejército y sus soldados caídos defendiendo nuestra libertad, merecen respeto y no podemos permitir que pisoteen su memoria con una falsa y mezquina condena por genocidio, porque ellos, antes y después de ser soldados, eran indígenas y campesinos de verdad, no de los que sólo se colocan sombrero y toman el machete para ir a bloquear carreteras para que les regalen lo que deberían estarse ganando con su trabajo.
 
 
 
 
 
Vivir Indiferente no es Vivir en Paz
Lo malo que sucede a nuestra gente, para nosotros es inminente. Si advertimos las injusticias que le cometen  a otros y no decimos algo, los mismos abusivos podrían afectarnos a nosotros sin que nadie diga algo y... eso será lo justo.
Muchos guatemaltecos tenemos claro que vivir en paz es no buscar problemas, pero eso, a veces, resulta muy difícil, especialmente cuando te cruzas con personas acostumbradas a minimizar, ridiculizar o pisotear los derechos de otros y, por un loco impulso, se te ocurre que deberían ser “justos”.

La paz interior es indispensable para gozar de cualquier tipo de paz que nos mencionen.  Pero esa paz interior que no suelen poseer quienes provocan cualquier altercado o incluso una guerra como la que amenaza a las dos Koreas, es muy frágil y se debe asegurar de alguna manera, para que no la altere fácilmente ningún ignorante, bocón e impertinente que suda calores ajenos, desahogando todas sus frustraciones y resentimientos con palabras insolentes y despectivas sobre un asunto que no conoce.

Así me sucedió aquella mañana de domingo, mientras esperaba a mi esposa que intentaba actualizar su armario en una mega boutique que ha provocado cambio de mentalidad en Guatemala.  Mi sencillo plan para esa mañana, era disfrutar un té y leer la prensa, mientras la esperaba en un restaurante de comida rápida donde los niños pudieran jugar y, todo marchaba bien.

Al igual que muchas personas que conocen un poco del tema, al ver la noticia principal de los medios escritos, sentí desprecio por eso que considero una injusticia y me quise ahorrar el disgusto de pensar en el tema, ignorando esa parte de mi plan del día: Leer la prensa.   Pero conservar la “paz interior” se hizo imposible cuando dos hombres ocuparon una mesa junto a la mía y me ocultaron parte del área donde jugaban los niños, empezaron a conversar y les podía escuchar claramente, sin que me parecieran fuera de lo normal sus comentarios, yo continué observando a mis hijos entre aquellos dos individuos y eso me permitió, sin parecer indiscreto, observar disimuladamente las expresiones de sus rostros mientras platicaban.

El más joven de aquellos dos, empezó a hojear el diario mientras el otro repartía lo que traía en la bandeja.  Cuando la comida ya estaba repartida, el más joven cerró el diario y en lugar de la oración que algunos acostumbran para agradecer los alimentos, le dijo a su compañero:  “Van a hundir a esos viejos asesinos.  Eso es lo que se merecen con tanta barbaridad que cometieron”   El otro sonrió por el comentario y el más joven, animado por la sonrisa de su compañero, continuó con una serie de insultos en contra de los soldados, con palabras que destilaban desprecio contra todo lo que tuviese que ver con el ejército de Guatemala y el otro parecía aprobar cada palabra mientras tomaba la iniciativa mordiendo, por primera vez, su hamburguesa.

Comieron bastante rápido, pero no cambiaron de tema y sólo cuando ya terminaban su café, el mayor de los dos dijo:  “Aunque todo lo que digan sea cierto y los hundan como se merecen, me parece que hay un vacío.   Hay algo que no terminan de aclarar y en las películas lo consideran importante: La motivación.   ¿Sólo porque son malvados?  ¿Sólo porque los otros eran buenos?.  No es tan sencillo.  Hay una pieza que falta y si no la encuentran, ese juicio sólo será un vulgar linchamiento”.   El muchacho escuchó con respeto a su acompañante y volvió a opinar varias cosas: “El ejército necesitaba justificar su existencia y por eso inventaba la guerra”,  “Ya metidos en la montaña, tal vez por la cólera que los soldados sentían porque los enviaban a aparentar la guerra, se desquitaban con los indígenas”, “Los mismos soldados fingían combates y se mataban entre ellos para que la gente les creyera”.    Dijo muchas cosas más el muchacho, no quiso reflexionar en lo que dijo su compañero, sino que se consideró en posición de despejar la duda que el otro manifestó.   Pero el otro siguió sin convencerse y su compañero lo entendió con la mirada, pero se veía que buscaba algo en su mente que pudiera convencer a su amigo de lo justo que era aquel castigo que querían imponerle a los soldados.

Se fueron los dos comensales que me fastidiaron la mañana con su plática.  Ya sin té, seguí observando a mis niños jugar, con mi mejor esfuerzo por tranquilizar mis inquietos pensamientos.

Aquellos que acusan a todos los soldados de no entender razones, no hablan razonablemente y despotrican con insultos y acusaciones sin fundamento, porque, según ellos y todos los que se dicen “de izquierda”, los soldados son culpables hasta que demuestren lo contrario y, eso es justo para ellos.

“Cuando el río truena, es porque piedras trae”, recordé y reconocí que el muchacho sólo repetía lo que han instalado en la mente de muchos guatemaltecos como una verdad.   La gente no sabe la verdad acerca del conflicto porque sólo la guerrilla ha tenido presupuesto para contar “su verdad”, al final, eran los que más necesidad tenían de torcer la historia y eso, eso de “cambiar la imagen” de una marca o producto, es muy costoso y, torcer la historia:  Lo es mucho más.

¿Cuánta gente no conoce lo que realmente significa ser un soldado de su patria?  ¿Cómo comprenderemos que son héroes si dejamos que los juzguen y condenen aquellos que los asesinaban porque eran un obstáculo difícil de sortear en su camino para convertir a Guatemala en su “Cuba”?

¿Qué contenía la noticia? Dos ancianos exsoldados, juzgados como criminales, señalados, sin lugar a dudas, por los mismos que asesinaron miles de jóvenes soldados guatemaltecos.   Soldados que no nacieron verdes como ellos imaginan, también eran campesinos e indígenas en su mayor porcentaje, pero, para ellos, los que los asesinaron, tenían un defecto: Eran soldados de un ejército que les obstaculizaba su “noble” y sangriento intento de tomar el poder.

Cuán egoísta soy, me dije, yo que conozco a varios soldados y comprendo la realidad que vivieron, sus motivaciones y lo que había en sus mentes.   Porque muchos al verles obedecer, los rebeldes principalmente, creen que ellos no piensan, que sólo obedecen sin criterio alguno, sin contar que los mueve un ideal superior a su propia comodidad y seguridad, un ideal que han identificado en ese ejército al que decidieron ingresar, o fueron arrastrados a él, un día.

Me sentí miserable porque en todos los años que tengo de conocer a varios soldados, no me he dignado a decir algo en defensa de ellos.   No he alzado la voz por la justicia, aunque ya había comprendido desde hacía mucho tiempo, que la gente no conocía la historia desde la posición de los soldados, porque las pocas cosas que ellos dicen, las opaca por completo la masiva promoción que han hecho, los izquierdistas, de su retorcida versión de la historia.

Por desconocer esa historia, mucha gente no está en posición de comprender la magnitud del hecho que actualmente se ventila en juzgados.  Debemos procurar que la historia sea contada, no desde afuera, sino desde adentro y comprenderemos que, los que estuvieron dispuestos a dar su vida por nuestra libertad, están siendo linchados en un juzgado con lujo de fasa, drama y mentiras.

Los niños continúan jugando sin cansarse.  Mientras tanto, me cuesta encontrar sosiego a mis pensamientos y creo que si continúo así, aparte de esa paz interior o indiferencia ante esos “vulgares linchamientos con forma de juicio”, también está en riesgo mi tiempo y mi sueño, porque alguna desvelada me significará meterme a este asunto.

Observo que un compañero de trabajo está comprando comida con sus hijos y supongo que se vendrá para esta sección del restaurante.  Le contaré que decidí conseguir el testimonio de un soldado, una historia que permita a muchos que lo desconocen, conocer y comprender lo que no están tomando en cuenta en el juicio que mencionan las noticias.

Como era de esperar, los niños de mi amigo se fueron a jugar y él se unió a mi mesa.  Le conté la plática que escuché un momento antes y la intención, que después de eso, me había surgido.   No le pareció el asunto.

- Ni siquiera tus hijos, puedes garantizar que comprenderán lo que pretendes.   No es que sea difícil de comprender, sino que la gente cree lo que quiere creer.

Eso me dijo aquel compañero, mientras veíamos a nuestros niños jugar despreocupados en aquel restaurante de comida rápida en Villa Nueva.

- Puede ser.  No estoy en posición de explicar las cosas como lo hizo Antonio cuando me contó una parte de su historia como soldado.   He platicado con varios amigos que prestaron su servicio militar y creo que la gente, la mayoría de la gente, no conoce las cosas que he escuchado.

Le respondí sin voltear a verlo.  Mis hijos corrían y reían felices en compañía de los hijos de Mario, mi amigo.   Los veía tan despreocupados como corresponde para disfrutar la infancia, pero, sentí un inexplicable y profundo temor por ellos.

Ese “Puede ser”, que incluí en mi respuesta a Mario, seguramente le hizo creer que me había resignado a que mis hijos no comprenderían la opinión que poco antes le había compartido a él.  Por eso, Mario insistió en su punto, para convencerme de su propia opinión.

- Cada persona va formando su criterio con las cosas que aprende, las experiencias que vive y el tipo de personas con las que debe tratar en su vida.  No es justo procurar que nuestros hijos comprendan las cosas, tal y como nosotros las comprendemos; sería cortar su libertad.

- La libertad de ellos, debe limitarse tanto como sea necesario para que respeten la libertad de los demás, entendiendo así, lo que dijo Benito Juárez.  De la misma manera, cuando la gente pide justicia, desde ningún punto de vista debería ser considerado “justo”, si para concederle la justicia que demanda, se debe provocar una injusticia a otros.

- La vida es como es.  Debemos enseñar a nuestros hijos a vivir en un mundo injusto.  Por ejemplo: No es justo que un ladrón me quite lo que me ha costado mucho trabajo, pero debo cedérselo de inmediato para que no me quite la vida, porque las bestias se creen con ese derecho, a tal punto que cuando te piden tus cosas, las exigen como si, ofendidos, quieren que les devuelvas algo que ya les pertenecía y tú estabas usando abusivamente.   Es cuestión de inteligencia, debemos aprender a valorar las cosas en su justa dimensión, para no exponer, por una de menor valor, aquellas que valoramos más.

- Comprendo tu punto amigo, pero no me resigno a esa realidad si puedo cambiarla, aunque sea en una mínima parte, para que sea una realidad cada día mejor.

- Los que podrían y deberían cambiarla, no la cambian, porque se enfocan sólo en mejorar su propia realidad.  Recuerdo un presidente, que inmediatamente después de ser electo, envió a su familia al extranjero, porque consideraba a Guatemala un país muy inseguro.  Terminó sus cuatro años y el país era más inseguro que cuando él inició su gobierno.  Si él, siendo el más alto funcionario del Estado que debe garantizar la seguridad y la vida de su gente, no quiso o no pudo hacer nada para mejorar esa realidad.  Deberías notar algo adicional en tu contra: Tú, no eres el presidente y ni siquiera un funcionario cualquiera que con sólo hacer su trabajo con honestidad aportaría algo.

- Es verdad.  No puedo cambiar la realidad de todos.  Sólo soy un guatemalteco que cree posible diseñar una forma de cambiar la realidad de su propia familia, mientras contribuyo a cambiar la realidad de Guatemala.

- Se vale soñar.  A mí también me gusta soñar con cosas buenas, pero también procuro tener los pies sobre la tierra.

- Te diré lo que pienso:  En esta semana santa, haré algo para que mi familia comprenda mejor la realidad que estamos viviendo y aunque sólo participará mi familia, te apuesto un menú infantil para cada uno de tus hijos y para tu esposa un cupón de regalo de mil quetzales, si lo que haré con mi familia no afecta la opinión, por lo menos, de cien mil guatemaltecos.  Porque yo creo, que mucha gente no sabe lo que a mí me han contado y me ha hecho opinar como opino.   Por eso, estoy seguro que, “cuando un soldado hable”, algunos recordarán y otros, por su edad, se enterarán de cosas que les permitirán comprender otras, que en estos días se ven en las noticias:

  • Recordarán que al ejército le acusaban de preferir indígenas y pobres para reclutarlos como soldados.
  • Comprenderán que si reclutaban indígenas, nunca podrían darles la orden de acabar con su propia gente.   El genocidio que mencionan en la noticia que nos llevó a esta plática, les parecerá una ofensa a la inteligencia de cualquier guatemalteco.
  • Recordarán la declarada vinculación de nuestros últimos gobernantes con la guerrilla que tanto daño le causó al país, cuando fueron a presentar sus respetos, lealtad y honores a Fidel Castro, casi pidiéndole perdón por no haber asesinado tantos soldados guatemaltecos, como hubiese sido necesario para tomar el poder veinte años atrás.
  • Comprenderán que muchas de nuestras instituciones están infiltradas por exguerrilleros, con odio enfermizo a todo lo que incluye la palabra “militar” o “soldado” y como ellos suelen decir por todos lados: “La lucha continúa”. Lo que significa que siguen haciendo la guerra sucia de la que son expertos.
  • Recordarán esa guerra del Golfo Pérsico que fue tan cubierta por los medios y uno de los detalles era el reporte: “Bajas por fuego propio”, que significaba que se habían matado entre ellos mismos, no necesariamente por ser estúpidos, porque eran soldados profesionales de uno de los ejércitos  más modernos del mundo y contaban con la más avanzada tecnología.  Suena vergonzoso, pero es una realidad:  En un combate, la confusión reina y el instinto de supervivencia es el que decide muchos de los enfrentamientos.
  • Comprenderán que, todas las muertes y lamentables consecuencias de una guerra: No pueden ser considerados asesinatos premeditados y no son culpa del que ganó o del que perdió, sino de aquellos que promovieron la guerra y ahora, somos testigos que los mismos guerrilleros, los que eligieron el camino de las armas provocando esa sangrienta guerra, con sus cobardes comandantes que sólo empujaban a los campesinos, a los que previamente habían envenenado con sus resentimientos, envidias y ambiciones, con todo y sus falsas etiquetas de defensores de los derechos humanos y premios por promover la paz, son los que ahora levantan el dedo acusador contra nuestros soldados, haciendo un drama que por años han venido ensayando, demostrando como siempre, el poco respeto que les inspiran los muertos que ellos mismos provocaron y los utilizan como mercancía con etiqueta de mártires.
  • Recordarán que no es el primer caso en el que pretenden salirse con la suya.  Ya han ganado otros casos a base de mentiras y han sido “resarcidos” con millones de quetzales que hemos pagado los guatemaltecos que trabajamos.   Recordarán que, aunque suene ridículo, ellos califican de pacífico el secuestro de una embajada, y se les cree.  También insinúan que promovieron “un enfrentamiento armado pacífico”, que colocaban minas pacíficas o que asesinaban a nuestros soldados tan pacíficamente que les dieron un nobel de la paz.
  • Comprenderán que para los izquierdistas guerrilleros el fin justifica los medios.  No se reconocen culpables de nada, se consideran merecedores de mil amnistías con millones de quetzales en compensaciones económicas y, por supuesto, según ellos, están en digna y justa posición para juzgar y condenar a nuestros soldados que obstaculizaron su sangriento objetivo:  Convertir a Guatemala en su propia Cuba.

Mario me miró con los ojos entornados por la paciencia de la que echaba mano mientras me escuchaba, acusándome de ingenuidad y compadeciéndose de mi, agregó:

- Van a decir que sos un soldado y con eso, fácilmente “envenenarán la fuente”, diciendo:  Dice eso, porque también es culpable.  Ni te metás a esas cosas, porque la guerrilla, parecía asesorada por el “Santo Oficio”, aquellos que al juzgar a alguien que no pensaba como ellos, a cualquiera que saliera en su defensa, inmediatamente lo trasladaban junto al acusado y, con toda seguridad, era condenado y asesinado igual que el otro, quedándose luego, con la conciencia tan tranquila como quien le hubiese prestado un amoroso servicio a su dios.   Yo, no intentaría lo que decís que harás.  Te doy la oportunidad de retirar tu apuesta y olvidemos el asunto.  Aconsejemos a nuestros niños y con eso debe bastarnos.    Es más, porque te aprecio y quiero que disfrutes tu descanso de semana santa, puedo reconocer que perdí la apuesta y el otro domingo que inicia la semana santa, nos reunimos para que pague la apuesta, pero excúsame el vale de mil quetzales, porque no llego a tanto.

- Siempre he pensado eso y mucha gente coincide con nosotros.   Es mejor no hablar, porque muchas veces no prevalece la razón.   ¿Pero quién lo dirá?  El ejército no puede porque, según se, la ley se lo prohíbe.  Los soldados tampoco pueden expresar su opinión, porque hasta esa libertad pierden al ingresar al ejército.   No te has dado cuenta que resulta “extremadamente tonto” que digan que están “militarizando” una institución porque militares o exmilitares ocupan cargos en ella?   Sería igual a decir que están convirtiendo en “civil” al ejército, porque gente civil está ingresando a él.

- Si, me parece.  Pero hay tantas cosas tontas que se dicen, que una más, no hace la diferencia.

- Precisamente por eso pudimos leer la palabra “genocidio” en esa noticia de la prensa de hoy.   Toleramos cosas que nuestra inteligencia no soporta.  Es como decir que Hitler sólo reclutaba judíos en su ejército y luego les ordenaba asesinar a todos los judíos.   No importa si salen con que sólo reclutaba a los miembros de once de las doce tribus de Israel y con ellos pretendía asesinar a la doceava tribu.

- Perdona que me provoque risa tu ejemplo, pero es cierto, algo así de ridículo es lo que están haciendo nuestros flamantes y sabios funcionarios encargados de impartir justicia.

Cuánto necesitamos escuchar voces que clamen por verdadera justicia.   En estos tiempos, cuando aquel que grita, patalea y destruye lo que encuentra a su paso, sin que le importe a quién afecta o lastima, es el que tiene la razón y se le debe conceder, con prontitud, lo que pide disfrazado “de humilde”, pero despotricando con la más insensible prepotencia, crueldad e intransigencia.

Ahora que se ha hecho pública la corrupción e indigna condición de varios funcionarios que deberían impartir justicia, corremos el grave riesgo de que, para redimirse nacional e internacionalmente, pretendan complacer la dramática y mezquina demanda de justicia que hacen aquellos, para quienes sólo hay justicia cuando les conceden lo que satisfaga con prontitud, su enfermizo resentimiento y enraizado odio hacia quienes, procurando hacer valer las leyes vigentes, obstaculizaron su sangriento intento de imponer su retrógrada ideología en Guatemala.

Siguen creyendo que lo harán mejor que Fidel Castro, que no serán un fracaso como la Unión Soviética.   Creen que Hugo Chávez lo hubiera logrado y les mostró el camino con su socialismo moderno.  No dejan de pelear por los recursos naturales, por costumbre básicamente y porque el petróleo le dio impulso al caudillo venezolano, pero han comprendido que no tienen que depender sólo de los recursos naturales y lo que ya poseen los “malvados capitalistas”.   Basta con administrar lo que producen los capitalistas que siempre quieren tener más que los demás, estableciendo un mecanismo para arrebatarles la mayor parte de sus ganancias y luego convertir a la mayoría del pueblo en ese gran parásito que sólo abre la boca para recibir y para apoyar coléricos cualquier intento de quitar el mando a su caudillo benefactor:  LA DEMOCRACIA, COMO SE CONCIBIÓ, TIENE SUS DÍAS CONTADOS.

Los países cuya mayoría es la gente sin dignidad, la que espera todo gratis en lugar de ganárselo teniendo la capacidad de hacerlo, aquellos países cuya mayoría considera malvados a los ricos y su envidia los lleva a procurar que todos tengan lo mismo.  Aquellos países cuya mayoría valida con sus leyes que el que más gana debe pagar una proporción mayor, como un castigo a su “malvado esfuerzo por tener más que los demás”.   Aquellos países cuya mayoría parece tener como lema: “Es preferible que todos estemos en la miseria y no que algunos tengan más que otros”.   Aquellos países que quieren “igualdad” en lo que reciben, sin importar la desigualdad en el riesgo que corren, en el esfuerzo que empeñan y el tiempo que dedican a procurar su bienestar.   Esos países, los que cumplen con una o varias de esas características: Están condenados a ser gobernados por aquellos que dicen y hacen lo que a ellos les viene en gana, justo o injusto, no importa, porque lo más  importante es que se llenan la boca diciendo que es "la voluntad del pueblo”, roban con la palabra “exprópiese” o con cualquier excusa, pero por siempre se mantendrán en el poder, porque esa mayoría, ese gran parásito al que le reparten migajas, los defiende y aclama como sus benefactores, casi divinos, impuestos por su dios, ese su dios que reconoce haberse equivocado al no dividir la riqueza a todos por igual, pero está enmendando la plana con semejante benefactor que les ha dado por gobernante. Difícilmente comprenderían que lo maravilloso del ser humano es que puede crear su propia riqueza, lo único que necesita es libertad para hacerlo, seguridad para que no se la arrebaten los delincuentes y vida para disfrutar del fruto de su trabajo, de su ingenio y/o del riesgo de perder que se atrevió a correr al invertir en algo.  Eso es tener dignidad, exigir que las instituciones de gobierno reconozcan su miserable fracaso, si no crean las condiciones de seguridad necesarias para que los guatemaltecos nos desarrollemos de acuerdo a nuestro propio esfuerzo, en los campos de nuestro interes, respetando el derecho de los demás.

 
En memoria de los soldados que dieron su vida por Guatemala
y de miles de humildes hogares que perdieron un ser querido defendiendo nuestra libertad: www.miEjercito.com
 
 
 
Cuando los guatemaltecos conozcan y valoren la verdad, la patria honrará a sus soldados diciendo: Gracias humilde soldado, porque diste tu vida por la libertad de tu pueblo.
 
Condenar de genocidio a un soldado de Guatemala, es condenarlos a todos, incluso a los que murieron a manos de los que hoy pretenden esta farsa de juicio.   No importa cuántos años tengan derrochando el dinero de sus cómplices con vallas publicitarias hablando de genocidio.  Tampoco importa cuán expertos sean para mentir dramáticamente, la verdad es que nuestros soldados eran indígenas y sólo en una mente enferma puede caber la idea que se les daría la orden de asesinar indígenas.  Decir que nuestros soldados obedecían la orden de asesinar indígenas o pobres, es insultar la inteligencia de los guatemaltecos que aman la verdad y la paz.
 
 
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