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Soldados muriendo por nuestra libertad
Mi ejército y sus soldados caídos defendiendo nuestra libertad, merecen respeto y no podemos permitir que pisoteen su memoria con una falsa y mezquina condena por genocidio, porque ellos, antes y después de ser soldados, eran indígenas y campesinos de verdad, no de los que sólo se colocan sombrero y toman el machete para ir a bloquear carreteras para que les regalen lo que deberían estarse ganando con su trabajo.
 
 
 
 
 
La doble moral de los izquierdistas
 
Autor: Alfred Kaltschmitt

Hasta el jueves pasado la jueza Carol Patricia Flores era una heroína para las organizaciones de derechos humanos que hoy la acusan de arbitraria, malintencionada y sujeta a acciones de desaforo. Mas en el campo pagado de fecha 11 de noviembre del año pasado, la describen como una jueza “imparcial que honra al sistema de justicia….”(¿?)

El campo pagado de marras comprueba la doble moral, “si estás conmigo te apoyo, si estás en contra te destruyo”, de los conglomerados que hoy se le han tirado encima con una saña inaudita.

Los dos párrafos de ese comunicado firmado por una gran cantidad de organizaciones, incluyendo a CALDH y fundación Menchú, comprueban claramente tal extremo. Pero los vientos cambian de acuerdo con los intereses. Vean lo que hace unos meses declaraban públicamente de la jueza Flores:

“Las organizaciones abajo firmantes, respaldamos lo actuado por la Jueza Carol Patricia Flores, quien con irrestricto apego a la ley y a la derecho, (sic) ha permitido, que por primera vez en la historia de Guatemala, se desarrolle una investigación y se pueda sindicar a responsables y dar la orden para la comisión de genocidio y delitos deberes contra la Humanidad, en contra de población civil no combatiente del pueblo Maya Ixil. La jueza Flores es parte de los juzgadores imparciales (sic) que se atienen a las pruebas que arroja la investigación criminal y son quienes honran al sistema de justicia. (sic) El énfasis es mío. Y justamente por eso, la ambigüedad de la resolución de la Sala Primera de Apelaciones, coloca en tela de juicio su propia imparcialidad.

“Queda escrito en la historia de Guatemala esta confusa resolución y la sombra de la sospecha de impunidad ha quedado en los magistrados que sin fundamentos aceptaron el tramite de la recusación contra la jueza Flores”.

Obsérvese el descrédito a la integridad de los jueces cuando no fallan a su favor, como lo ha hecho la Cicig sistemáticamente colocando a jueces en una lista negra sin que se les comprueben las sindicaciones y sin presentar una sola prueba, únicamente sus fallos.

En este juicio hay mucha información que se ha deliberadamente ocultado para impedir el conocimiento de la verdad histórica. Y como lo han señalado académicos, testigos históricos como yo, víctimas del conflicto, e investigadores independientes, el Informe de Comisión de Esclarecimiento nació con un lamentable y comprobado ADN de izquierda. Sus miembros eran de izquierda, una considerable cantidad de testigos fueron seleccionados de las filas militantes, y lo peor, no se integró deliberadamente por una terna equilibrada con miembros de ambos lados. Este error, presionado especialmente por el representante de la ONU Christian Tomuschat, es la causa principal de las divergencias y la única plataforma documental desde la cual se parapetan los acusadores de la guerrilla. Es la biblia, dogma histórico, y contra ella no cabe argumento alguno.

Al amparo del insomnio de la inquietud que me causaba el despertar del Leviatán escribí: “No se puede dignificar a las víctimas de la guerra si solo se toman las versiones de un lado como si sus tumbas no existieran. Invisibilizándolas de la guerra, como si una página entera de la guerra hubiese sido arrancada de la historia. Eso no es justo, ni equitativo, ni moralmente aceptable. Aquí hubo responsables de crímenes horrendos de civiles inocentes y miles de militares de parte de la guerrilla. Pedir justicia para ellos también es un deber”.

Y lo que muchos conocemos a sotto voce: “Se oculta el gran pecado de la guerrilla de haber reclutado a ixiles para utilizarlos como combatientes y escudos humanos. ¿¿Por qué???

Heme aquí con mi testimonio de los años que estuve asistiendo en los centros de refugiados de la región ixil. Hoy estaría testificando contra Ríos Montt si me hubiese enterado de genocidio.

Y aquí estoy, de frente con mi conciencia en alto, pidiendo justicia también para la jueza Flores.

 
 
En memoria de los soldados que dieron su vida por Guatemala
y de miles de humildes hogares que perdieron un ser querido defendiendo nuestra libertad: www.miEjercito.com
 
 
 
Cuando los guatemaltecos conozcan y valoren la verdad, la patria honrará a sus soldados diciendo: Gracias humilde soldado, porque diste tu vida por la libertad de tu pueblo.
 
Condenar de genocidio a un soldado de Guatemala, es condenarlos a todos, incluso a los que murieron a manos de los que hoy pretenden esta farsa de juicio.   No importa cuántos años tengan derrochando el dinero de sus cómplices con vallas publicitarias hablando de genocidio.  Tampoco importa cuán expertos sean para mentir dramáticamente, la verdad es que nuestros soldados eran indígenas y sólo en una mente enferma puede caber la idea que se les daría la orden de asesinar indígenas.  Decir que nuestros soldados obedecían la orden de asesinar indígenas o pobres, es insultar la inteligencia de los guatemaltecos que aman la verdad y la paz.
 
 
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